Estimada Doctora:
Son 43 años de vivir en un infierno constante, su presencia me ha atormentado en cada día de mi vida, sin haber podido encontrar consuelo en nada ni en nadie, pensando y temiendo un día no volver a abrir los ojos.
Pero hoy me levanto sin el verdugo de 43 años de angustias, tengo la seguridad de que el dolor se ha ido, o por lo menos las reglas del juego están más a mi favor.
Con usted encontré la libertad para ser feliz, salir a la vida diaria sin tener que depender de la pequeña droga que controlaba mis pasos, mis emociones y cada una de mis actividades.
En cada visita descubro que el dolor cada vez es más pequeño y que un día por fin no volverá.
Doy gracias a Dios por haber guiado mis pasos y encontrarla en mi camino
CCP