Texcoco México enero del 2006
Cuando llegue con la Dra. Katz ya llevaba año y medio con dolor de cabeza, en un principio no recuerdo si mi dolor era diario o no, siempre lo justificaba y tomaba cualquier analgésico que encontraba, en ocasiones se quitaba y en otras no, sin embargo cuando ya habían pasado muchos meses me di cuenta que este dolor ya vivía conmigo, que era raro no sentirlo y que poco a poco ya no respondía a los analgésicos convencionales acudí con un internista de mi área de trabajo, me realizo exámenes básicos y tomografías, me envió a neurología y el neurólogo inició tratamiento de acuerdo a su criterio, pero yo cada día estaba peor, no solo por el dolor que no se me quitaba ni con 6 a 8 tabletas diarias, sino que empecé a hundirme en una depresión intensa en la que ya no quería levantarme, bañarme realizar mis actividades diarias, menos trabajar, pensaba en acomodar a mis hijos con familiares y ya mejor morir, un día comenté con mi esposo la situación y llorando le dije que estaba enferma que no era flojera lo que sentía, él se preocupó y contacto a la Dra. Katz la cita se me hizo muy lejana, inicié tratamiento al pie de la letra ella me inspiro mucha confianza y yo me quería curar, poco a poco fui sintiendo horas sin dolor y una extraña sensación de quedar adolorida por tanto tiempo de haber cargado ese dolor conmigo, mi depresión fue disminuyendo paulatinamente y mis ganas de vivir volvieron, el día 6 de enero de 2006 fue MI PRIMER DIA SIN DOLOR, casi todo el día lo buscaba y nunca apareció, era increíble pensar que ese dolor se hubiera alejado de mí, pero también me di cuenta de que no era yo la que lo provocaba porque en muchas ocasiones llegue a pensar que a mí me gustaba sentirlo y por eso ningún tratamiento hacia efecto, pensaba que quería llamar la atención o que de plano me quería volver loca para alejarme de la realidad, y que mi vida fuera más fácil y feliz, sin embargo, ese día fue de reyes yo no lo trabaje y me dedique a jugar todo el día con mis hijos me olvide de ser mamá y me sentí una niña sana, comí golosinas con ellos y deseaba que ese día no se acabara nunca, fui tan feliz como no lo había sido desde que era niña. Continué con muchos días en los que aparecía un dolor punzante esporádico una o dos veces al día de segundos y yo me reía de ellos, pues ya no afectaban mi vida entera.
Doy gracias a dios que me pusiera en el camino a gente tan preparada y tan noble como la Dra. Katz porque desde que la vi y la mire a sus ojos, sentí que pude tocar hasta su alma, y me dio tal confianza, que ahora que me siento mucho mejor cada que la veo quisiera abrazarla y decirle que le debo el resto de mi vida y que me ha vuelto la felicidad.
PACIENTE DE CEFALEA DIARIA
JCR