Querida Dra. Katz:
Por esta ocasión le suplico me permita hablarle de tú porque a los ángeles no se les habla de usted y es lo que tú has sido para mí, un ángel me sacó de una vida en blanco y negro y me mostró que el mundo es a colores, después de 20 años de sufrimiento y de un dolor incapacitante, por fin descubro lo bello de un cielo azul, el olor de las flores, la lluvia fresca sobre mi rostro y créeme que hasta ahora lo disfruto.
Tú me sacaste del mini infierno de los dolores diarios, además de las severas migrañas de 3 a 4 días sin interrupción, era tan fuerte el dolor que yo vivía con miedo de que me diera un derrame cerebral. a veces pensaba “¿qué habré hecho tan mal que tengo que pagar este precio tan alto?” yo ya no tenía calidad de vida, era un personaje gris, una sombra entre la multitud, ahora me preguntan que qué me hice, que me veo más joven y más alegre. la respuesta es que ahora vivo siento, disfruto de la vida, y todo gracias a mi ángel Rachel.
Cosas que antes me ponían al borde de la histeria como el que la sirviente no hubiera ido a trabajar, era tragedia griega para mí, porque tenía que hacer el quehacer y la comida soportando los dolores, ahora el que no vaya, no me estresa, simplemente no le doy importancia y realizo mis labores con gusto.
Mi padre acaba de estar en México con nosotros y siempre se hospeda en la casa, pues no había vez que el viniera que yo no tuviera un ataque severo de migraña, ahora solo tuve uno “mini”, y él le comentó a mi esposo que era notable como había cambiado mi carácter, yo me siento más relajada, contenta, ya no estoy peleada con el mundo, ahora lo gozo.
A veces o mejor dicho la mayoría del tiempo tengo miedo de sentir esta felicidad, tengo miedo de que termine esta alegría de vivir.
Ahora hago mil cosas al día, y al anochecer me siento satisfecha de todo lo que hice, sobre todo porque lo hice con amor, algo que ya había olvidado porque el dolor bloquea hasta los sentimientos. Aunque yo tuviera ganas de decirle a mi familia o a mi esposo cuanto los quiero, me reprimía porque el rictus de dolor y amargura bloqueaban los sentimientos positivos,
Ángel Rachel, yo sé que dios te puso en mi camino y solo quiero que sepas que además de tu paciente, soy tu fan número uno y que por ti siento un profundo agradecimiento y un cariño sincero
Gracias mil gracias por regalarme esta sensación tan bella como es el disfrutar la vida, en donde las cosas cotidianas también tienen su encanto gracias por mostrarme que al final del túnel de tanto sufrimiento y dolor hay una luz, una luz que ningún médico había podido mostrarme, y mira que casi ya repasé todos los neurólogos.
No tengo con que pagarte esta felicidad, pero si en algo vale mi amistad y mi cariño, cuentas con ellos para siempre.
Mil veces gracias por el maravilloso regalo que me has dado.
MOL